Tratándose de nuestra Escuela y su doctrina que encierra una obra tan grande, tan noble, tan magna. ¿Qué puede ser lo mío sino una cosa tan pequeñita?
ALICIA ROLDAN - BUENOS AIRES/MARZO 15 DE 1938 - REVISTA LA BALANZA No.126
Hermanos: Hoy traigo a ustedes mi pequeño grano de arena, y digo así porque tratándose de nuestra Escuela y su doctrina que encierra una obra tan grande, tan noble, tan magna. ¿Qué puede ser lo mío sino una cosa tan pequeñita?
Al llegar a esta Escuela me di cuenta exacta de la inmensa obscuridad en que había vivido y desde el primer momento empecé a ver una pequeña lucecita que al transcurrir del tiempo va agrandándose, siendo cada vez más hermosa. Sólo tengo que lamentar no haber conocido causa tan justa muchos años atrás. ¿Pero por quien saberlo! ¡Son tan pocos los que predican esta doctrina! es decir: muchísimos los que aquí llegaron, pero muy pocos los que han seguido; les pareció tal vez mucho trabajo a unos, mucho sacrificio a otros y falta de voluntad y constancia a la mayoría; no quieren sacarse los prejuicios de encima; van tras de lo fácil sin pensar que aquello no es ni será nunca duradero y ¡cuán caro nos costará al final! Si se nos ocurre un capricho, no vemos ni pensamos otra cosa que buscar todos los medios para alcanzarlo y cuanto más sacrificio nos cuesta más bello nos parece cuando lo hemos conseguido.
¿Por qué entonces no hacer igual con la doctrina de nuestra Escuela, ya que ella nos conduce siempre al más allá? ¡Qué hermosa frase “siempre más allá”!
Gran satisfacción sentí el día que acá la oí por vez primera. ¡Qué grande es lo que ella encierra! Si lo pensamos detenidamente veremos que no hay causa más justa; ella nos enseña a luchar, pero no a luchar con armas que hieren, sino con estudio, amor y ley ; esa ley divina, no la que hacen los hombres, tan vasta para unos tan estrecha para otros. ¿Acaso la naturaleza no nos enseña a cada paso que todos somos iguales? ¿No está ella en todas partes? ¿Por qué tratar de dividirnos en clases, abolengos y sociedades?
Escuchando, a nuestra buena Maestra sin tergiversar lo que nos dice, porque ella no ataca a ninguno sino a la causa y si tenemos causa tratemos por nuestros medios en lo que nos sea posible de extirparla como un obstáculo en el camino que hemos empezado y que debemos seguir porque él nos conduce siempre al más allá.
¿Cuándo nos sentimos agobiados hemos pensado acaso en la causa de nuestros sinsabores? ¿No será ella el pago de una deuda contraída por nosotros mismos? Si recapacitamos detenidamente, comprenderemos que no hay efecto sin causa y por lo tanto somos acreedores a ella.
Por eso hermanos, los que acá llegan por vez primera no se amilanen ni se arrepientan de haber venido.
Aquí encontramos la verdad sin mixtificaciones, aunque a veces no nos parezca agradable. ¿Pero es acaso más agradable el halago que carece de sinceridad? ¿Puede él corregirnos para hacernos más capaces y colorearnos en un nivel más alto de moral y fraternidad? ¡No! Entonces con un poco de optimismo y buena voluntad conseguiremos escalar la montaña que al primer momento así nos parezca.
La doctrina de nuestra Escuela, quizás no es lo que a muchos les parezca que van a encontrar, porque esta causa tan grande y noble la confunden con otras tan equivocadas como míseras. Se nos enseña amor al hermano, pero no ese amor material fácil también de esfumarse en cualquier recodo del camino, sino el espiritual, ese que nos eleva y conduce a un pedestal más firme, que solamente una vez allí recién podremos abarcar con nuestros sentidos la inmensa magnitud de su belleza y extensión.
Puesto que el verdadero espiritismo es luz del alma y vida de nosotros mismos porque entonces querer negarlo? ¿Por qué no despertar de nuestro letargo para correr en busca del camino feliz que nos describe uno de los cuadros de esta cátedra? No debemos arrepentimos, ni mucho menos avergonzarnos de ser espiritistas racionalistas; lo que al principio nos parezca difícil, con el tiempo y la constancia lo iremos comprendiendo ya que con perseverancia todo se consigue.
Entonces luchemos por el engrandecimiento de nuestra Escuela y su doctrina ya que sólo así encontraremos la recompensa de nuestros anhelos para llegar siempre más allá.